lunes, 22 de marzo de 2010

El Ferras


Este tipo es la neta del planeta... si es que lo logras entender, claro... ahí se lo dejo de tarea...

jueves, 18 de marzo de 2010

Ay, gandalla


Queridos pececillos;

En la clase de hoy les voy a hacer una breve introducción de un término muy usado en México pero aquí, en España, desconocido: gandalla.

Gandalla se dice a aquel personaje, masculino o femenino, que se aprovecha de una situación o de una o varias personas. Lo que en castizo ha sido siempre "el jeta", vaya.

Ya saben, ese tipo que se la pasa pidiendo favores a los demás: ¿podrías dejarme algo para acabar el mes?, ¿me prestas tu compu este fin?, ¿me ayudarías en la mudanza?, ¿puedes hacerme tú la gestión que yo es que no me aclaro?... etcétera, etcétera... les suena, verdad?. Y te juran agradecimiento eterno, te aseguran que cuando tengan la oportunidad te devuelven el favor pero incrementado y te cubren de alabanzas y elogios.

Pero a la hora de la verdad, amigos, nunca tienen, nunca pueden, nunca están. Si te debían, nunca les viene bien regresarte el dinero. Si les pides que te presten algo, ese algo estará estropeado o lo necesitan a vida muerte. Si lo que precisas es que realicen algo por tí... ufff.. justo ese día no van a estar disponibles...

No hacen nada por nadie que no les reporte algún tipo de provecho y si se muestran generosos es porque están esperando recoger mucho más. El gandalla no trabaja en vano: es un profesional.

Suelen ser simpáticos y con cierto carisma, lo que no es gratuito ya que de su capacidad de seducción depende su supervivencia parasitaria. De hecho, el gandalla "medalla de honor" puede estar sangrando a la misma víctima durante mucho tiempo y ésta no ser consciente de estar siendo abusada, excusando el imperdonable comportamiento del gandalla una y otra vez: "es que no tiene trabajo" (porque no lo busca), "es que le dejó su mujer" (porque se hartó de llevar cuernos), "es que no me quiero quedar sola" (si ya lo estás, hija), "es que si no le ayudo, no lo hace" (no te jode¡¡).

Tengan cuidado, amiguitos, porque el gandalla está por todos lados. Si ustedes son de ese tipo de buena gente que no sabe decir un saludable "NO" a tiempo, estén ojo avizor porque son presa fácil de este indeseable colectivo.

Háganme un favor y háganselo a sí mismos: si tienen a alguien cerca que le suele pedir favores, apliquen la siempre sabia regla del tres: si a la tercera, no reciben ustedes compensación satisfactoria, borden en punto de cruz un panamá a dos colores con la leyenda "soy un gandalla", enmárquenlo y regálenselo a la siguiente oportunidad que el gandalla haga su aparición.

¿Y ustedes?, ¿cuál ha sido su experiencia gandalla?

miércoles, 17 de marzo de 2010

de Cocina

Una de las consecuencias de haber sido madre es que me ha dado por cocinar. A ver, siempre me ha gustado la cocina pero en casos de pereza (y soy muy dada a ella) no me ha dolido tirar de congelado o precocinado. Hasta que parí.

Me he vuelto loca y ahora lo hago todo yo menos el pan, las galletas fontaneda y el tomate frito. Y el pan, amigos, es cuestión de tiempo porque le pienso levantar a mi hermana un robot de esos que también funge de panificadora y voy a hacer unos panes de esos rebozados de semillas de amapola que mi Lola se va a pillar unos colocones del tres con los curruscos.

Y ustedes dirán, mira la Tribeca, qué apañada, como si no fuera bastante trabajo tener un hijo. Pues asómbrense, queridos pececillos, que aún hay más. Porque no sólo lo hacemos todo en casa, sino que encima, comemos SANO. Toma castaña¡¡.

Esto quiere decir que en nuestra casa no se toma leche de vaca, cuya moléculas como puños no traspasan las paredes del intestino y te ponen mal mal.. o algo así pero algo malo, fijo. La harina, integral; la pasta, integral (la de comer, la otra como sea está bien);  la leche, de soja; el azúcar, morena eco; alimentos crudos a tutiplén, ensalada y fruta a diario sin excusas, legumbres cocinadas con algas y sin grasas animales (muerte al tocino, morcilla y chorizo), apenas comemos fritos y hay semanas que parecemos veganos.

El repartidor, que va un paso más allá, se desayuna un cocimiento de quinoa o amaranto con algas al que a veces, adereza con zumo de naranja y frutas. A esto le añade unas nueces y un vasito de agua templada con polen y limón, un platanito y si le queda hueco, unos trocitos de pan integral multicereales.

Tenemos unos veinte tipos de tés distintos y otro tanto de infusiones para unas doscientas dolencias hipotéticas que, seguro, nunca nos van a atacar porque estamos rebosantes de salud, hay que jorobarse.

En el botiquín hay tiritas y mercromina nada más.Y están a punto de caducarse. En el herbolario nos conocen hasta lo que pagamos de hipoteca. Y mi pelo brilla como en un comercial de champú.

Ahora ando recopilando recetas de alguna crema de marisco sencilla y sin nata, refrescando mi viejísima receta de vichissoise (sin nata) y proximamente -esta noche misma- voy a experimentar con una sopita japonesa con su tofu, su caldo de miso, sus broticos de soja, todo muy rico, que pondría el nombre pero lo he perdido. Jo, con lo bien que queda. Venga, me lo invento. Joku do Nimeri.
¿Qué tal?, me siento como un sensei.

Ahora, desde aquí les digo que tampoco está bien ser talibán de nada y que tanta salud puede perjudicar también así que, de vez en cuando, me meto entre pecho y espalda una buena ración de colesterol en forma de huevos fritos, cocido completo o generosa ración de tarta de chocolate de la tienda fifties de malasaña.

Pero no se lo digan a nadie...

martes, 16 de marzo de 2010

De Fobias

Tengo tantísimas fobias que podría ser catalogada como una perfecta insoportable. Supongo que para algunas personas en determinados momentos lo soy y para otras lo soy todo el tiempo. Sé que tengo la discutible cualidad de despertar un odio furibundo hacia mi persona ante las perlitas que veces suelto por esa boquita mía que en ocasiones valdría oro si supiera callar. Pero no, no callo.

Y es que hay momentos que si no hablo, creo que voy a morir fulminada o algo así y no me mido. Normalmente, brinco ante una declaración o acción del otro que enciende la llama del "oh, no, horror¡¡¡", casi siempre ignorante de la reacción que está a punto de desatarse en mí.

Por ejemplo, hace unos días una amiga acariciaba la mini mini melena de mi pequeña y suelta:

- Ay, Lola, dentro de nada te voy a poner diademas, horquillas y coletitas, ya verás qué guapa vas a es...

No la dejé terminar, agarré a la niña y haciendo un ademán de protección como si mi amiga la hubiera amenazado de muerte, respondí:

- Ni en sueños vas a llenarle su preciosa cabecita de flores horteras y lazos a lo belénesteban. No hay cosa más horrible que un bebé con cosas en la cabeza que no sea un sombrero o pañuelo para protegerle del sol. Por dios, no¡¡¡

Pensándolo bien, hay otra cosa espantosa: vestir a los bebés con colores pastel tipo "amarillosuave" o "verdeagua". Argggg...

Acabo de pensar otras doscientas cosas espantosas, como vestirlos de adultos, ponerles corbatas o pajaritas, zapatos con lazos rígidos, con estampados demasiado grandes, con motivos de disney, warner o cualquier otra firma de dibujos animados, con un chándal...



Cielos, es un no parar¡¡

Mejor lo dejo por hoy porque este tema da para mucho pero ya sabeis, amiguitos, que si os fustigo con el látigo de mi verbo cruel es que antes, sin quererlo probablemente, habeis hecho o dicho algo que me ha dañado la sensibilidad hasta los tuétanos....soy muy delicada, qué le vamos a hacer...

lunes, 15 de marzo de 2010

El regreso

Hace más de un año que escribí mi último post. Parece mentira que en todo un año largo no haya encontrado el momento, la necesidad o las ganas de escribir pero lo cierto es que no he escrito porque no me apetecía.

Como podréis suponer, en este tiempo he dado a luz. Todavía no me lo creo ni yo pero ahí está esa bolita de carne jugosa y tierna que me sonríe cada mañana a eso de las seis desde sus ojazos azultormenta balbuceando mamamamamá y papapapá. No sé cómo resisto sin llorar la emoción de tenerla. Ahora comprendo a esos padres que cuando adoptan a un hijo dicen que la suerte la tienen ellos, no el crío. Yo me siento así, tan afortunada que no hay palabras suficientes para describir mínimamente la felicidad que siento desde que le ví la carita en la sala de parto.

Todo ha salido extraordinariamente bien y mi pequeña Lola es tan saludable como un roble y tan hermosa como lo más bonito que hayas visto en toda tu vida. Su padre, el repartidor de mandarinas, cuando mira a los ojos azultormenta de Lola se licúa, feliz. Nos abraza a las dos y bailamos canciones del Libro de la Selva.

Mi hija me ha abierto la puerta a una dimensión de felicidad que no conocía, ni creía siquiera que pudiera existir.

No voy a decir que era lo que faltaba en mi vida porque yo no sentía hueco alguno, todo me iba muy bien sin ella. Pero es verdad que Lola y sólo hasta que ha llegado, ha completado un círculo que ya se ha había empezado a trazar desde el momento que el repartidor de mandarinas y yo volvimos a encontrarnos y a unir nuestros caminos.

Tener un hijo a los cuarenta años, además, ha sido un completo acierto dada la vida que he llevado. Porque ahora ya no me apetece salir de noche ni emborracharme fuera de casa (dentro, sí) ni seguir de fiesta en las madrugadas cuidando que el rimmel siga en su sitio. Ahora prefiero levantarme para ver amanecer en la paz de no tener resaca de cigarros ni alcohol. He dejado de fumar y el mundo huele muy bien, cosa que no sabía antes. Ya no me duele la garganta y puedo subir corriendo las escaleras y no sentir que me asfixio. Me siento genial.

El repartidor es un padre entregado y responsable al que no hay que pedirle nada: sabe lo que tiene que hacer y lo hace, encantado. Siempre tiene una sonrisa en los labios y un ramillete de besos para regalarnos. No hubiera soñado con un padre mejor para Lola, ni tan generoso, ni tan bueno, ni tan divertido ni tan eficaz.

Aún a riesgo de dar asco (de veras, lo entiendo)tengo que decir que no me puedo quejar de nada, que la vida me sonríe como nunca y que estoy convencida que esto, amigos, va a durar mucho tiempo.

Prepárense, queridos, porque Tribeca da un nuevo rumbo a su vida y ahora el emocionante e increíble mundo de los bebés formará parte de este blog.

lunes, 23 de febrero de 2009

Educando a Lola



Mi barriga de seis-meses-embarazo-on causa pequeños estragos en la que un día fue mi vida social. Toda cita que que me convoque a partir de las nueve de la noche se convierte en una ascesión a pulmón libre al Himalaya. Yo, que no me subo ni a la escalera a cambiar una bombilla. Malo, malo, amiguitos.

Y es que de veras, es muy duro quedar con tus colegas de farra en bares donde antes te entregabas con pasión desbocada al fumeque y al bebeque (y sin peso adicional, que todo cuenta)y ahora te ves asfixiándote por humos ajenos, malolientes, fétidos, pero sobre todo AJENOS, sintiendo leve deje de verguenza cuando te escuchas pedir: "yo, una sin alcohol" mientras adviertes la sonrisilla condescendiente de tus acompañantes y colocando la panza de lado para llegar bien a la barra.

Es duro. Soy una incomprendida. Nadie me quiere. Todo el mundo está en contra mía. Jo, qué malos son los demás con lo guapa, buena y nosequemás soy yo.

Vale, no empecemos con la autocompasión, que me duermo. Pero es duro ser madre y algún día mi hija Lola me tendrá que llevar de juerga para resarcirme de tantos sacrificios, leñe.

A lo que íbamos: el sábado fue uno de esos días en los que te tomas dos cocacolas para estar despierta y poder "trasnochar". Qué exceso, oigan. Dos cocacolas y dos cigarros que me fumé. Me sentía como una yonqui al borde de la sobredosis. Estás haciendo algo maaaaaaaalooooo... me decía la voz de mi conciencia. Puto pepito grillo, o te callas o saco la R-15 y te hago un ombligo nuevo. Qué asco de responsabilidad, oyes.

Y es que el sábado tocaron los HOKO en la viejuna y resistente sala Silikona y esta que les quiere no se lo podía perder porque el Mandarín, amordemisamores y Lolapadre, es el bajista de la banda. A mí me molaron mucho, pese a que el cantante se olvidó de casi todas las letras y se las inventó (pero esto es punto a favor). Una hora de concierto en que familia y amigos les arropamos cariñosamente y en la que el Mandarín brilló como estrella del "flippin´with the life" con sus bailecitos esquiva-micros y su bajo maravilloso. Y no es amor de esposa, pero es que lo vale.

La cocacola caducó a eso de la una y media, hora de recogida para mi hermana postiza y para mí dejando allí al mandarín regalando sonrisas y saltitos.

Fue una buena noche en la que además se perfiló nuestro próximo viaje: Dindondin... pasajeros con destino a la exposición de Murakami en el Guggenheim vayan haciendo las maletas, que salimos el viernes¡¡¡

Es una buena manera de iniciar a la peque en el manga, no?, sobre todo, si luego hay pintxos... se admiten recomendaciones de lugares de tapeo e invitaciones a lo que sea, que no somos remilgados. Estírense, queridos...

lunes, 9 de febrero de 2009

he vuelto

Cada vez que hago vida social, me cae la del pulpo, y la verdad es que ya me he cansado de que mis amigos me echen la bronca en versión nacional, internacional y con subtítulos. NO he dejado el blog, leñe. Aquí estoy. Digamos que me tomé unas vacaciones, les parece?.

Si ustedes son mis amigos (íntimos), pues ya saben el porqué. Y si no son tan íntimos, ahora mismo se van a enterar de la GRAN NOTICIA:


"Eso" que está bailando mientras sonríe feliz, es mi hija Lola. Tiene cinco meses, vive calentita en mi barriga y pega unas patadas que a su padre le hacen mucha gracia y a mí, cero. Toma, que la tenga él en su tripa bailando pogo, no te digo...

Sí, amigos, Tribeca está embarazada y va a ser madre de una "enfant terrible", ni lo duden. Decirlo a los colegas, de veras, ha sido un trago. Todavía se andan riendo y me dan consejos como que nazca en Culiacán para que se salve, pobrecita, que la ponga auriculares con los Tigres del Norte pa´que se vaya acostumbrando o que use pintura sin plomo para lacar el cuernito de chivo tamaño infantil no sea que se nos envenene la plebe.

Y todos se han dado cuenta tan pronto me han oido pedir la cerveza sin alcohol. No ha habido pierde. No puede haber ningún motivo en el mundo por el cual Tribeca beba cerveza sin alcohol salvo que quiera castigar al mundo con un vástago digno de ella. El escarnio, queridos lectores, se ha cebado en mí. Parece que los que se dicen mis amigos, les cuesta imaginarme sin trasnochar, sin alcoholizarme, sin fumar... y les da una risa floja pensarme arrullando a una dulce bebé.

La vida es extraña, queridos. Hace nada yo era una inconsciente feliz junto al mandarín preocupada únicamente por elegir un restaurante para cenar, el destino de nuestro próximo viaje o dónde vamos a colgar el último montaje fotográfico de mi amorcito. Bebía ricos vinos y heladas cervezas. Fumaba con pasión. Y ahora, arrugo la nariz si alguien fuma a mi lado, analizo detenidamente todos los carros de bebé que me cruzo por la calle y compro vestiditos rosas compulsivamente. La industria del vicio me echa de menos, me han escrito de varias tabaqueras y bodegas pidiendo mi regreso.

Pero Lola me recuerda que debo velar por su salud a costa de patadas. Qué rica, la nena.

El mandarín, por su parte, va todo presumido mostrándole a todo el mundo las ecografías de su hija y se está revelando como todo un padrazo (y marido) responsable, sensato, equilibrado y generoso. Exactamente todo lo que a mí me falta. Hasta ha abierto una cartilla a la nena, para que tenga un buen futuro. Algo como esto:


¿Les gusta?, pues colaboren, coño...