miércoles, 4 de agosto de 2010

Un día en la playa

Casi no me acuerdo de cuando iba a la playa toda relajada y provista NADA MÁS de un capacho en el que cabía el mundo... el mundo en el que vivía hasta hace un año.

Porque ahora, queridos pececillos, cualquiera que me viera llegar se debatiría entre la carcajada y la pena. Os lo cuento en plan telegrama que me regresa la sensación de agobio: niña cargada en la cadera - toalla de padre -toalla de madre - toalla de hermano- toalla de Piolín- nevera portátil (cervezas, aguas, zumos, chocolate, sandwiches, frutas, potitos) - silla plegable que te delata definitivamente como madre y te excluye para siempre del olimpo de las tías buenas-palas - pelotas varias de tenis, pinpón, las del vecino - red de pescar tiburones y si no, me cabreo - piscina hinchable en la que me dan ganas de ahogarme- petanca en honor al abuelo- sombrilla que sólo sirve de perchero porque nadie se pone a la sombra, lo sabemos pero seguimos llevándola por cariño o algo... Y el carrito de la nena.

El carrito, lo digo para las madres primerizas, sólo sirve para trasladar todo lo anterior mientras llevas a la niña en la cadera a lo gitanilla. Lo del carrito hasta los topes y más allá de su pobre capacidad es para verlo, amigos. Yo me aferro a mi niña y parapetada tras las gafas de sol, rezo mentalmente: "por favor, que no me encuentre a nadie" porque el look pacomartínezsoria lo llevo mal, queridos... ahí me sale la pija que llevo dentro, lo reconozco.

Ahora, que una vez hinchada la piscina y llenada de agua, la Lola rebozada de arena y feliz gateando a sus anchas, puesta la sombrilla y las toallas extendidas esquivando la sombra, regado alrededor de esto las chanclas, palas, pelotas, petanca, redes y demás y ocupado aproximadamente la mitad de la playa de Toró, mientras nos miran mal los astures que nos rodean, he de confesar que es un verdadero placer abrir la nevera y tomarte una cerveza bien helada mirando el mar.

El glamour, pececillos, se quedó en el paritorio y a cambio me dieron una familia que me da tanta felicidad como una buena cerveza helada cuando el calor aprieta.

Eso sí, si algún día nos ven hagan el favor y ayuden, que la felicidad pesa un chingo¡¡

3 comentarios:

Violeta dijo...

pues bienvenida la familia Palomares Lolaitor!

un beso!

Toxcatl dijo...

Así me veo yo al año qeu viene, solo que, si es posible solo los padres y la criatura con sus adminículos que ya es bastante.

pepeltenso dijo...

jejeje, ese bonito momento ya lo viví yo, ya. Ahora los dos vamos a la playa con una toalla y poco más.