lunes, 9 de febrero de 2009

he vuelto

Cada vez que hago vida social, me cae la del pulpo, y la verdad es que ya me he cansado de que mis amigos me echen la bronca en versión nacional, internacional y con subtítulos. NO he dejado el blog, leñe. Aquí estoy. Digamos que me tomé unas vacaciones, les parece?.

Si ustedes son mis amigos (íntimos), pues ya saben el porqué. Y si no son tan íntimos, ahora mismo se van a enterar de la GRAN NOTICIA:


"Eso" que está bailando mientras sonríe feliz, es mi hija Lola. Tiene cinco meses, vive calentita en mi barriga y pega unas patadas que a su padre le hacen mucha gracia y a mí, cero. Toma, que la tenga él en su tripa bailando pogo, no te digo...

Sí, amigos, Tribeca está embarazada y va a ser madre de una "enfant terrible", ni lo duden. Decirlo a los colegas, de veras, ha sido un trago. Todavía se andan riendo y me dan consejos como que nazca en Culiacán para que se salve, pobrecita, que la ponga auriculares con los Tigres del Norte pa´que se vaya acostumbrando o que use pintura sin plomo para lacar el cuernito de chivo tamaño infantil no sea que se nos envenene la plebe.

Y todos se han dado cuenta tan pronto me han oido pedir la cerveza sin alcohol. No ha habido pierde. No puede haber ningún motivo en el mundo por el cual Tribeca beba cerveza sin alcohol salvo que quiera castigar al mundo con un vástago digno de ella. El escarnio, queridos lectores, se ha cebado en mí. Parece que los que se dicen mis amigos, les cuesta imaginarme sin trasnochar, sin alcoholizarme, sin fumar... y les da una risa floja pensarme arrullando a una dulce bebé.

La vida es extraña, queridos. Hace nada yo era una inconsciente feliz junto al mandarín preocupada únicamente por elegir un restaurante para cenar, el destino de nuestro próximo viaje o dónde vamos a colgar el último montaje fotográfico de mi amorcito. Bebía ricos vinos y heladas cervezas. Fumaba con pasión. Y ahora, arrugo la nariz si alguien fuma a mi lado, analizo detenidamente todos los carros de bebé que me cruzo por la calle y compro vestiditos rosas compulsivamente. La industria del vicio me echa de menos, me han escrito de varias tabaqueras y bodegas pidiendo mi regreso.

Pero Lola me recuerda que debo velar por su salud a costa de patadas. Qué rica, la nena.

El mandarín, por su parte, va todo presumido mostrándole a todo el mundo las ecografías de su hija y se está revelando como todo un padrazo (y marido) responsable, sensato, equilibrado y generoso. Exactamente todo lo que a mí me falta. Hasta ha abierto una cartilla a la nena, para que tenga un buen futuro. Algo como esto:


¿Les gusta?, pues colaboren, coño...

viernes, 5 de septiembre de 2008

Lo extraordinario de lo ordinario

Mi hermana la Negra sin Alma y yo tenemos una conexión que desafía las distancias y el tiempo y todos los obstáculos del mundo, manteniéndonos obstinadamente unidas y parejas en nuestros avatares existenciales.

Ahora, la Negra se ha enamorado hasta los tuétanos y está alucinando porque es correspondida felizmente y el tipo le ha propuesto que arrejunten sus vidas bajo el mismo techo. La Negris está emocionada, radiante y brinca de contento, pero está asustada porque es -qué ternuritas- su primera vez.

Y es que, claro, no es lo mismo ser novia de 7 a 12 y "hasta mañana", o de finde apasionado, que levantarte con el cabello hecho una selva cada día y un tipo mirándote conteniendo la risa desde la misma cama de que tratas de salir con dignidad (porque hay un tipo mirándote divertido). Da miedo, no digan que no.

Una puede organizar una cena esmerándose en la cocina para sorprender y seducir al galán, y regar por la casa un bosquecillo de velas aromáticas pa´ dar ambiente. Se puede peinar y maquillar y vestirse como señorita. Hasta correr a esa lencería tan cara y gastarse medio sueldo en un conjunto elegantísimo que nos haga sentir una femme fatale y abrocharlo todo en su sitio, para luego quitárselo ante él como una profesional aunque tenga que haber ensayado ante el espejo veinte veces. Una es capaz de eso y de más, no nos reten.

Pero, ¿qué pasa cuando el galán está ahí, todos los días, instalado?. Ta´ cabrón que le montemos el chou de las velas y a no ser que ganemos un pastón, el repertorio lencero no tardará en repetirse.

En la vida cotidiana hay que hacer compra, pagar facturas, limpiar la casa y un montón de cosas que, en principio, distan mucho de ser románticas y glamourosas. Cuando comenzamos una convivencia, una suele creer que todos los días habrá flores frescas sobre la cama y sonarán violines a nuestro paso. Y todo estará límpio como por arte de magia y la nevera llena de delicatesen, porque como estamos enamorados... no?... Pos no, oiga. Mucho me temo que no.

Cuando se es novia a tiempo parcial, o amante, o lo que sea que no implique una convivencia, se tiende a magnificar el momento que se pasa con el amado y a preparar escenarios y actividades especiales, mágicas y estimulantes que son precisamente mágicas porque son circunscritas a un tiempo limitado, restringido. No se va a poner una a limpiar el baño con el short viejo cuando recibe a su amorcito, no?.

Pero cuando se convive, en algún momento hay que limpiar el baño y ponerse el short viejo. Y el otro nos va a ver. No hagamos dramas, coño, que tampoco es para tanto.

Conocí a una tipa que, tras casarse, se levantaba una hora antes que su contrario para alicatarse hasta el techo y que este no la viera nunca sin arreglar. Qué estrés, por dios. Anda y que le den. Ni que el otro estuviera siempre vestido como un dandy mostrando su mejor perfil y con el humor que más nos conviene en ese momento.

Lo que pasa es que a mujeres como la Negra y como yo, ciertamente acostumbradas a relaciones con un nivel de intensidad grado 8 sobre 10, capaces de cruzarnos el mundo por echarnos a la cara a un cabrón para que nos diga que ya no nos quiere, siendo amantes de tipos con esposas que te quieren borrar del mapa con reguero de sangre incluído, novios inmaduros, psicópatas, perrodelhortelano, freakies, artistas y demás buenos-pa´-nada, nos asusta enfrentarnos a la normalidad.

Podemos soportar situaciones que a otros les podrían los pelos de punta y nosotras tan panchas. Podemos sufrir horrores por un tipo más cabrón que bonito que te jode la vida hasta los extremos y seguir ahí. Podemos entender que nos digan que no.

Pero vivir lo ordinario, que te quieran y dejarte querer sin aspavientos, sin neuras, sin sufrimientos, nos desarma. Tener que armar la de san quintín para encontrarte a escondidas con alguien, es pan comido para nosotras. Pero llegar a casa cada día y que esté con una sonrisa el mismo tipo todos los días, se nos hace lo más extraordinario del mundo. Tanto que revisamos las rejas de la casa para cerciorarnos que si sigue ahí es porque quiere, no porque no pueda huir.

Sabemos sobrevivir en lo extraordinario porque ha sido lo normal para nosotras. Pero lo ordinario, lo cotidiano, el día a día, con sus compras, su don límpio, su "ya no hay leche", su abrazo cálido al despertar, es lo verdaderamente extraordinario.

Y es, en realidad, lo que llevamos tanto tiempo buscando en lugares exóticos sin darnos cuenta que podemos tenerlo en nuestra propia casa.

Ya era hora, querida. Ahora disfrutémoslo. En la paz de saberse, al fin, normal, ordinaria. Como todas.

martes, 19 de agosto de 2008

pequeña crónica veraniega (primera parte)



Desde que el Mandarín y servidora nos hemos convertido en Pinypon, la casa que ocupamos se ha llenado de armarios; las paredes exhiben grabados, pinturas y montajes fotográficos tal que si fuera el MOMA; mis vecinos tararean canciones de Squirrell Nut Zippers y España empieza a conocernos, porque viajamos más que Willy Fogg.

Todo empezó hace dos años, cuando no pude ir a la boda de la Alacrana en México. Me había hecho un vestido super chulo para la ocasión, un cruce entre geisha a los Russ Meyer y la princesa Leia de la Guerra de las Galaxias con una tela de un diseñador finlandés la mar de pop. Y no lo pude estrenar, así que me quedé con la pena esperando el momento de lucirlo. Ahí voy yo con mi pena cargando cuando nos invitaron a una boda en Pamplona. Ahora van a saber los navarros lo que una ociosa es capaz de hacer con unos metros de tela comprados en las rebajas de una maison de luxe, me dije.

Y, ¿qué hace un hombre de bien cuando tiene una boda en Pamplona a las 12,30 un sábado?, pues, efectivamente: llevar a su contraria al Guggenheim el viernes en la tarde. La gente cree que el Guggenheim es un alarde arquitectónico. A mí me han contado de buena tinta que Gehry construyó el museo en el patio de su casa con papel albal y escayola, después lo trasladaron con helicópteros a Bilbao y lo dejaron caer, por eso muestra ese look arrugueitor tan moderno. Ahora, que bonito es un rato, que los vascos son los más molones de España en esto del diseño.

Lo malo es que al Mandarín le atacó el síndrome "quesoydebilbocoño" y no paró hasta que se hizo unos largos en las playas de Getxo a la que se ponía el sol mientras yo tiritaba de frío desde la orilla envuelta en dos toallas. Hasta que no le dije que había una amenaza de bígaros carnívoros, el tío no salió del agua.

Esther Williams y yo llegamos al hotel a eso de las dos de la mañana, así que no vimos nada de Pamplona más que el hotel.

Campanas de bodorrio de alcurnia sonaban cuando despertamos. Alicatados hasta las pestañas, fuimos a desayunar a un bar en el que servían cafés con leche tamaño barreño. Así me gusta, a lo grande, venga... y comienzan los encuentros, los saludos, mi pamela es más grande que la tuya chincha-rabiña, ¿quién tiene mi drogaína?, el Txetxu sigue en la Herrikotaberna desde anoche... en fin, lo normal en una boda en el norte, ya sabeis.

El autobús aquel parecía un muestrario de crinolinas y sedas salvajes cuando llegamos a la ermita, junto al río, con sus peregrinos del camino de Santiago japoneses y todo. Aquel conato de iglesia se llamaba Arre. Para mí que era pa´ animar a entrar a la gente. Pero ni por esas. Todo el mundo en la puerta mirando a un ertaintza de txapela blindada con cara de "susempaquetoatós" que charlaba con el cura. Todo muy sospechoso. Yo intenté subir al coro pero me dijeron que si cantaba me metían en un zulo y tenía hambre, así que desistí y esperé fuera.

Como parece que se dieron el "sí" de rigor, nos subieron de nuevo al bus y aterrizamos en una bonita, enoooooorme, elegante y finísima finca navarra, propiedad of course, de la familia. A tenor del tamaño de los abetos, esa finca viene de los tiempos de Carlos V. Para que se hagan una idea de la fiestecita, envidiosos lectores, los ex-novios hicieron entrada triunfal en la carpa bailando al ritmo de "La Casa Azul" en sustitución del relamido vals que estos delicados oídos agradecieron sobremanera.

Hicimos lo que hay que hacer en las bodas: comer y beber como si el mundo se fuera a acabar (el mandarín debió pensar que el armagedón llegaba en quince minutos porque se pimpló una botella de güisqui en un abrir y cerrar de ojos), bailar cosas extrañas que nunca reconocerías siquiera haber escuchado y "sufrir" encuentros más extraños aún -mi pasado adolescente en El Escorial empeñado en hacerse presente, glups-, en fin, lo normal, incluído el síndrome "Tony Manero" que le atacó al Mandarín sin ninguna compasión por estar aún bajo los efectos del "QuesoydeBilbocoño".

Y nadie sabe cómo pero al momento era el día siguiente e íbamos camino a Zarautz con una resaca del quince. Especialmente, el Tony Manero vasco que conducía el coche en el que estaba subida. El caso es que hay que joderse con lo fría que está el agua en el norte, ridiela. Se le quitan a una las ganas de aprender a nadar. Cuando empecé a ponerme toda azul y dura, el mandarín, que es un caballero, me cargó como si fuera un tronco a lo aizcolari y me llevó a una taberna en el puerto a ponerme tibia a pintxos. Después de treinta y dos txiquitos empecé a recuperar la memoria. El alcoholismo hay que mantenerlo o se te olvida, como el inglés.

Ale, que ya continuará en otro momento... O no...

Foto: Guggenheim, Bilbao. Autor: El Mandarín.

martes, 15 de julio de 2008

Así no se puede



Cuando el Mandarín se asoma al balcón ve el mundo así, redondito y onda puzzle.

Yo le he dicho que no tome más infusiones de esas extrañas que le vende el chino de abajo pero no me hace caso.

Y así pasa, que además de ver el mundo como raro, el domingo pasado, mientras regresábamos de una excursión campestre, le atacó una "cigala".

Una CIGALA.

Todos ustedes, tan amables, le disculparon cuando les conté que viajando a Asturias avistó un cóndor.

A ver ahora qué chingados dicen a esto.

Como no sea que de tanto té chino, en vez de CIGARRA dijera CIGALA, que todo se pega.

Ya verán como uno de estos días me dice que se ha hecho amigo de un PERCEBE, me cae.

viernes, 30 de mayo de 2008

cerrando círculos II

Quince años atrás, viajaba en su coche destino a Valencia empeñada en averiguar si mi intuición era certera. Me bastaron un par de horas para convencer a aquel tipo flaco de ojos de miel, cráneo perfecto y maneras lánguidas y elegantes para que nos acompañara al grupo de amigos entre los que yo estaba, a pasar un par de días en la playa.
Necesitaba, con la urgencia de los ventitrés años, saber si él era lo que yo había imaginado, lo que había "visto", basándome nada más en su aspecto físico y su forma de desenvolverse sobre un escenario tocando el bajo. Sin haber cruzado una palabra con él, me inventé su personalidad, su biografía, sus gustos y sus debilidades entre las que me había propuesto firmemente formar parte como fuera.
Mientras él conducía, yo, sentada a su lado, le observaba con sumo cuidado tratando de averiguarle formulando preguntas estratégicas, analizando sus elecciones musicales y toquiteando todas las piedras, maderitas, y demás objetos que acumulaba en su coche esperando, de algún modo, una decepción que me relajara la ansiedad creciente de saber que estás delante del hombre de tu vida. Pero no ocurrió tal cosa.
Al contrario. Su música era mi música. Sus gustos en arte eran mis gustos en arte. Las piedras que había elegido sobre el salpicadero hubieran sido, sin duda, las mismas que yo hubiera recogido de una playa.
Y entonces me contó que además de tocar el bajo, pintaba. Me hizo buscar un catálogo de su última exposición en el asiento de atrás. Cuando empecé a hojearlo, el estómago se me hizo chiquito, como guisante. Sus cuadros eran tan hermosos como sus ojos tristes. De una sensibilidad tal que tuve que hacer grandes esfuerzos por no llorar. Me preguntó si me gustaban con total inocencia y humildad, sin hacer ningún comentario grandilocuente y presuntuoso como suele pasar con tantos artistas y yo sólo atiné a contestar un "sí" tímido y torpe porque la voz se me ahogaba de tan emocionada como estaba.
Es él, pensé. Mi intuición es una francotiradora de primera.
Los siguientes siete años los pasé tratando de convencerlo de que yo era la mujer adecuada para él, sin mucho éxito. Todas las relaciones que mantuve en esos siete años fueron, sin excepción, puestas en cuarentena y listas para ser "eliminadas" si él daba un sólo paso hacia mí. No soy monja de clausura precisamente y no estaba dispuesta a morir de hambre por mi amor platónico pero tampoco estaba por la labor de comprometerme seriamente con alguien que en mi cabeza era un sucedáneo de lo que yo deseaba en realidad. Hasta que tuve que rendirme a la evidencia que él no iba a venir por mí...
Y efectivamente, nunca vino a mí sino que fuí yo por él, quince años después de aquel viaje a Valencia, guiada nuevamente por mi intuición y envalentonada por el alcohol en una noche que cambió mi vida -en tantos sentidos- y siempre gracias a mi suicida osadía.
Ayer, entraba en casa y saludaba a mi flaco mandarín con la felicidad que me da verlo cada día cerca de mí. Me senté en el sofá mientras le contaba mi día y él, con una sonrisa luminosa, dijo:

- Casi te sientas sobre él...

Sin comprender, volteé a mirar al sofá y ahí lo ví. Un lienzo mostrando su envés y un rótulo escrito a mano con su caligrafía equilibrada y elegante dedicándome el cuadro Es un autorretrato.
Es él, para mí.
Al fin.

lunes, 21 de abril de 2008

Dudas de las que matan

Ustedes dispensen mi dilatada ausencia de estas semanas, pero es que ando muy ocupada aplicando la lupa buscadora de fallos a mi novio y una de dos, o el invento se ha estropeado o he encontrado al "sindefectos" que todas hemos soñado como un Eldorado mítico y hasta la fecha, ninguna ha descubierto (vivo). La lupa esta, desde ya lo digo, sólo es válida para los novios o aspirantes. Cuando pasan por la vicaría, es demasiado tarde: TIENE DEFECTOS, Y UN CHINGO, INSALVABLES Y VITALICIOS. Pero yo soy una optimista y sigo soltera, por si las moscas. Igual y es que las pilas se han sulfatado, gastado o mosqueado de tanto uso que le doy a la dichosa lupa, no sé... al ratito miro.

La cosa es que tuve una pista hace unos días y les quiero compartir mi preocupación, no sea que esto vaya a más y a saber cómo acabe.

Resulta que nos fuimos a pasar un romántico fin de semana a Asturias y todo tan bonito y tanto amor allí flotando y con los Cars y todo sonando. Una chingonería. Hasta nos confundimos un poco de carretera y fuimos por una bien bonita con su firme con baches y sus constantes reducciones de velocidad al entrar en los pueblos y sus campesinos saludando o insultando, nunca se sabe en esta España nuestra, que con lo del agua, la cosa está tensa.

Bueno, pues ahí vamos, llegando al Puerto del Escudo. Puro amor y miel. Tomamos una caña? Arre pues. Y que paramos en una aldeílla bucólica en el único bar. Dos cañas. Qué ricas. Dos más... jeje, aquí las cañas son de tubo, cómo mola este pueblo.

Y continuamos camino.

Unos kilómetros más allá, la sinuosa carretera serpenteaba entre un cañón cortado a capón tal cual un filete en una falla que yo imaginaba llenita de fósiles estupendos que desescarbar. Emocionada con esa posibilidad, le compartía a mi amorcito las ganas de bajarme del coche y lanzarme a rebuscar entre las placas de piedra los trilobites y pterodáctilos que me estaban esperando desde hacía milenios. Y entonces, el mandarín, dijo:

- MIRA¡¡¡ UN CÓNDOR¡¡¡
- ¿¿¿...???
- UN CÓNDOR¡¡¡ ¿¿NO LO VES?? ¡¡ UN CÓNDOR¡¡
- ¿Un cóndor?, pregunté un poco asustada, ¿cómo un cóndor?
- SÍ, UN CÓNDOR¡¡¡ UN CÓNDOR VOLANDO¡¡¡

(Si llega a estar bailando una sardana, me infarto allí mismo).

- Pero -apunté temerosa de la respuesta- un cóndor-cóndor? un cóndor modelo "el cóndor pasa"? un cóndor tipo "Condorito"?



- Pues un cóndor de los grandes que vuelan, de esos del cóndor pasa, sí, de esos... respondió la mar de convencido.

- Ah - alcancé a decir en un hilo de voz- pues está cabrón, tú, porque el cóndor pasa PERO POR LOS ANDES... y aunque el bicho es grande, pues ni tanto como para que en un despiste termine en el Puerto del Escudo, camino de Santander...

Llegados a este punto, las posibilidades que se abrían eran estas:

1. No era un cóndor lo que mi mandarín había visto, sino cualquier otro pájaro y él se había confundido de nombre, lo cual era lo más lógico sino fuera porque yo miraba y miraba al cielo y allí no había nada, así que él estaba, sin duda, teniendo una alucinación. Vaya, GENIAL, estoy con un flipado...

2.- Dos tubos de cerveza le habían emborrachado. Vaya, GENIAL, estoy con uno que no aguanta nada...

3.- Sí era un cóndor y yo estaba en Bolivia y no camino de Asturias, como ingenuamente creía. Vaya, GENIAL, estoy con un alienígena que me abduce y me teletransporta a tomar por saco y ni me avisa para cancelar la reserva del hotel...

Así que despejada la duda de que finalmente no estábamos en Bolivia, me pasé el resto del fin de semana esperando la próxima alucinación. ¿Qué sería?, ¿Godzilla en Oviedo?, ¿un bígaro flautista?, ¿una lluvia de ensaimadas?... ah, las alucinaciones, qué mundo inabarcable....

Ya no vió ninguna cosa extraña más (o no hubo huevos para confesarlo, no sé) pero a mí me quedó la duda: ¿es este hombre defectuoso?, ¿o nos lo quedamos?. Esa es la cuestión...

martes, 26 de febrero de 2008

San Valentín: el horror te acecha, nena

Como todos ustedes saben (y muchos sufren, otros pocos disfrutan) el pasado 14 de febrero se celebró San Valentín. Hay mucho ilusionado suelto por ahí sin nadie que lo amarre a una farola y luego pasa lo que pasa. Se nos va la mano y hacemos barbaridades. A ver, almasdecántaro, que está muy bien estar enamorados, que mola hacer y recibir regalitos (sobre todo recibir), que mola menos ponerte en plan "rogelio" y hacer un alegato contra el consumismo estúpido, la trampa del romanticismo barato por imposición del calendario como excusa patética para no rascarse el bolsillo porque este tipo de actitud va en contra de la economía y luego nos regaña Rajoy por no gastar, hombre, un poco de solidaridad con el corteinglés, pobrecicos...
Bueno, como quiera cada quién, a mi me gusta celebrar todo, festivalera que es una.
Pero todo tiene un límite.
Y algunas personas lo desconocen peligrosamente.
El sábado pasado asistí a una cena-fiesta en casa de mi hermana. Mi hermana es genial, guapísima, buenísima persona y un montón de virtudes más que no pienso exhibir aquí porque justamente me faltan a mí. Pero es un poco pija. De esas que te ponen las aceitunas con pinchitos metálicos de diseño. De esas.
Así que imaginad que estar enamorado de mi hermana y empeñarte en conquistarla a base de regalitos, cuyo máximo momento de esplendor es lucido por San Valentín en forma de... ejem... en diversas formas que ahora ilustraré, pues es una apuesta suicida, se los puedo asegurar.
Así, estábamos charlando sobre los regalos de cada quién (y los no-regalos) cuando mi hermanita, envalentonada por el vinillo anunció:
- Yo ya no puedo más, de veras, ya no puedo más. Este año se ha superado a sí mismo. ¿Cómo puede pensar que le voy a hacer caso cuando me regala esto?.
.
- Arggggggghhhh... -grité yo, sin poder contenerme- ¡¡¡¿Pero eso es legal?¡¡¡.
Advierto que la foto no es del objeto aludido porque mi cámara se negó a fotografiar aquello, pero os podeis hacer una idea. El original era una suerte de joyero en cristal rojo pasión, con forma de corazón, aderezado con una cinta en encaje blanco y dorado -en serio- y rematada en la tapa con un "tocado" de plumas de pollo teñidas de colorao con un centro de diamante de plástico. Por si no era suficiente, la tapa por dentro tenía un espejo pa que te vieras la cara de "quesquesé semejante horreur". Ni el más florido verbo alcanza para describir fielmente la sensación de espeluzno que recorrió como calambre en el ala de la mesa a la que nos sometió a esa visión.
- Pues hay más, dijo mi hermana ya crecida por la acogida, a cual peor... ya vereis...
Y abrió un armario y sacó unas "cosas" que depositó sobre la mesa, esperando nuestras reacciones. Se ve que la mujer tiene mucho pudor, porque sólo sacó dos objetos, pero dijo en tono de muchomiedo que había más...
Cosas como esta...



O esta...



¿Qué?, ¿cómo se les ha quedado el cuerpo?. ¿A que les va a costar comer hoy?.
Pues imaginen verlo en directo. Inenarrable. Una cosa tremenda. Me entró una compasión enorme por mi hermana, qué paciencia, que galanura la suya de recibir año tras año esos horripicios sin un insulto ni nada, y pensar que tiene que trabajar con ese tipo cada día... yo me hubiera cambiado de empresa al primer sanvalentín, no jodan. ¿Cómo tendrá la casa el gañán?, mami, qué miedo...

Y me dí cuenta de la inmensa inmensa suerte que tengo yo, que a mí el repartidor de mandarinas, hombre cabal, me regaló un arroz abanda espectacular y un polvo de los que hacen historia de la universal.

Madre mía, de la que me he librado, señor...